Consumo Bebidas Azucaradas Afecta la Salud

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Eroski Consumer

MADRID.- Por eso su consumo continuado se vincula con diabetes y enfermedades cardiovasculares. Y un mito a desterrar ante la deshidratación veraniega: El uso de bebidas isotónicas no siempre es lo mejor. Los especialistas recomiendan erradicarlas de la dieta y, a la hora de refrescarse optar por el agua.

Cada vez que una persona toma una lata de refresco azucarado está bebiendo entre siete y ocho terrones y medio de azúcar, dependiendo de la marca. Si consume dos al día, una media bastante frecuente, al cabo del año su cuerpo habrá acumulado 5.475 terrones, casi 22 kilogramos de azúcar. A medio y largo plazo los efectos de este hábito, común en millones de personas, son perjudiciales para la salud por la cascada de efectos que tiene.

La evidencia médica al respecto es aplastante. «Se ha visto que las personas que toman de forma regular muchos hidratos de carbono simples que el intestino absorbe rápidamente, como la glucosa y la fructosa presentes en los refrescos son más obesos, tienen hipertensión e hipertrigliceridemia, desarrollan más resistencia a la insulina y les bajan los niveles de HDL (colesterol bueno). Todo eso tiene un nombre: síndrome metabólico, la fase previa al desarrollo de la diabetes tipo 2», explica José López Miranda, subdirector científico del Instituto Maimónides de Investigación Biomédica (Imibic) del Hospital Reina Sofía de Córdoba.

LOS BENEFICIOS, NULOS.

Eso es lo que ocurre en el cuerpo con un consumo habitual, pero ¿la salud de una persona está en riesgo por tomar un refresco azucarado de vez en cuando? Para que la medicina diera una respuesta habría que precisar qué se quiere decir exactamente con «de vez en cuando», algo casi imposible porque, dicen los especialistas, suele utilizarse para justificar hábitos que no son saludables y con frecuencia encierra un consumo mucho mayor del que se confiesa.

Lo que sí ha demostrado la medicina es que los beneficios de abrir una lata son nulos. Es cierta la idea de que una bebida de cola puede subir algo la tensión arterial porque tiene estimulantes derivados de la cafeína, aunque en modo alguno debe adoptarse como tratamiento; la hipotensión tiene que valorarla un profesional. Las bebidas isotónicas tampoco son recomendables para tratar la diarrea aguda, a pesar de la creencia popular.

Durante estos episodios, el cuerpo pierde, sobre todo, agua y potasio, un compuesto que es casi inexistente en este tipo de productos. Es más, tomar este tipo de bebidas puede agravar el problema. La enorme cantidad de azúcar que contiene (4,4 g por cada 100) obliga al organismo a liberar más agua, lo que puede empeorar la diarrea. Ante estas dolencias la mejor opción para rehidratar el cuerpo son los sueros orales.

EL AZÚCAR EN ESPAÑA SE BEBE.

En los últimos 20 años la diabetes ha pasado en España del 8 al 14% de la población, lo que da idea del impacto en la salud pública de productos como los refrescos azucarados. El estudio Anibes, coordinado por la Fundación Española de Nutrición (FEN), llegó a la conclusión de que «la tercera parte del consumo de azúcar está en las bebidas que tomamos a diario». La investigación, la más amplia que se ha hecho hasta la fecha en nuestro país sobre hábitos de consumo, estilos de vida e ingesta de macronutrientes y micronutrientes, apunta un factor que ha señalado también la OMS: el mayor consumo de bebidas azucaradas se acompaña de una dieta de cada vez peor calidad en la que se reduce la ingesta de alimentos fundamentales para la salud como la leche. El resultado, explica la OMS en sus directrices, es «la ganancia de peso en niños de 2 a 18 años de edad».

¿CUÁNTO AZÚCAR BEBES EN UNA LATA?

Casi todos los refrescos contienen en una sola lata más azúcar que la cantidad máxima diaria recomendada por la OMS. El consumo de azúcares libres no debería superar el 10% de la ingesta calórica total, según la máxima autoridad sanitaria mundial. Ello supone menos de 25 gramos al día para un adulto que gaste unas 2.000 calorías. Traducido a terrones (4 g de azúcar cada uno) no deberían consumirse más de seis al día. Toma nota de la cantidad de azúcar que contienen algunas de las bebidas más conocidas.

Red Bull (lata de 473 ml): 52 g

Coca Cola (330 ml): 35 g

Pepsi (330 ml): 35 g

TriNa (330 ml): 29,4 g

Fanta (330 ml): 28 g

Tónica Schweppes (330 ml): 27,7 g

Aquarius (330 ml): 26 g

Nestea (330 ml): 25,4 g

Shandy Cruzcampo (330 ml): 24 g

Cerveza sin alcohol (330 ml): 10,2 g

Ingesta diaria recomendada de azúcar (25 g). Fuente: Sinazucar.org

EL EXPERTO

EL EXPERTO: Antonio González Estrada, fundador de sinazucar.org, proyecto gráfico de divulgación para concienciar sobre la cantidad de azúcar libre que contienen muchos de los alimentos de consumo habitual: «La palabra azúcar suele ocultarse»

¿Sabemos cuánto azúcar tomamos en una lata de refresco?

La mayoría de la gente no es consciente porque no acostumbra a buscar esa información en los envases, y algunos de los que la leen no la interpretan correctamente, ya que suele venir indicada la cantidad de azúcar por 100 mililitros. Muchos consumidores no se dan cuenta de que en una lata hay más del triple de azúcar del que se indica en la cifra del envase.

¿Podemos fiarnos de lo que dicen las etiquetas?

Sí, en cuanto a la lista de ingredientes que aparece como información nutricional. Lo que ocurre es que a veces no es lo bastante clara. El término «azúcar» suele ocultarse y se emplean sinónimos que generan confusión, porque no queda claro si son equivalentes o no. Se habla de sacarosa, se citan azúcares que tienen mejor fama, como la panela, o se recurre a términos eufemísticos como jarabe de glucosa y fructosa.

¿Por qué los fabricantes se resisten a reducir la cantidad de azúcar en las bebidas?

El responsable de nutrición de Coca Cola me lo aclaraba hace poco: una reducción de azúcar hace que el sabor del producto no sea interesante para el consumidor y puede dejar de venderse. Si se sustituye por edulcorantes, se obtiene un sabor parecido, pero muchos consumidores interpretan que se está prescindiendo de un producto natural por otro artificial y, aunque los edulcorantes sean seguros, no todos lo interpretan así. Para conservar su mercado, el fabricante ofrece dos versiones: el refresco normal y la versión con edulcorantes.

¿Los fabricantes influyen en el diseño de las pirámides alimentarias?

Sí. Cada sociedad de especialistas en nutrición tiene la suya y, aunque son parecidas, siempre hay pequeños guiños a los grupos de presión que la apoyan.

¿Qué debería hacer la Administración con respecto a estas bebidas?

La OMS recomienda imponer tasas a las que contienen azúcar. También hay que mejorar el etiquetado. En Chile se han incorporado a los productos unos hexágonos con colores donde, de forma muy visual, se representa la cantidad de azúcar que tienen. Por último, son imprescindibles campañas de formación para los más pequeños. Si en sinazúcar.org una persona con muy pocos medios ha sido capaz de concienciar a mucha gente, el Estado, con todos sus recursos, podría conseguir mucho más.

¿Tendría que limitarse o prohibirse su venta en hospitales y colegios?

Quizá hacerlo en esos lugares podía ser una medida simbólica eficaz para que la gente se diera cuenta de que debe priorizarse el consumo de otras bebidas en lugar de los refrescos azucarados.

¿Debería cambiarse la regulación de la publicidad?

Ahora está vigente el código PAOS, una normativa de autorregulación de la industria que protege a los niños de informaciones que puedan incitar al consumo de productos que fomentan la obesidad. El problema es que es la propia industria la que vigila su cumplimiento, e infringirla muchas veces sale gratis. La autorregulación es poco efectiva. El control debería ser del Estado y prever multas mayores si se incumple la norma.


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