La crisis de personas sin hogar es impulsada por las drogas que «frustran el instinto de autoconservación»: ¿qué sucede en EE.UU.?

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RT

WASHINGTON.- Versiones más fuertes y peligrosas de la metanfetamina y el fentanilo generan una intensa adicción y afectan a la salud mental de sus consumidores, impidiéndoles funcionar en la sociedad.

La sociedad estadounidense se está enfrentando a una creciente crisis de personas sin hogar debido al fentanilo y una nueva versión de la metanfetamina -más fuerte y peligrosa- que rápidamente genera una intensa adicción y afecta a la salud mental de sus consumidores.

«Estas dos drogas vienen en cantidades tan enormes y tienen una potencia tan asombrosa que hacen su trabajo de manera mucho más magistral que las drogas anteriores», señala Sam Quinones, autor de varios libros sobre el problema de los opiáceos. «Así que tenemos la metanfetamina, que lleva a la gente al sinhogarismo y hace que se vuelva incoherente, irracional, delirante y paranoica», agrega.

La crisis de las personas sin hogar

En los últimos años EE.UU. está experimentando un resurgimiento del número de personas sin techo. Un reciente análisis determinó que el número de personas sin hogar en el país norteamericano descendió de un máximo de más de 647.000 personas en 2007 a casi 550.000 en 2016. Sin embargo, esa cifra aumentó de nuevo para 2020, revelando que más de 580.000 personas carecen de un hogar y viven en la calle. Además, los refugios triplicaron el número de huéspedes durante el último año, informó este martes Fox News.

La crisis es atribuida a muchos factores, pero Quinones advierte que la circulación de drogas peligrosas es uno de los principales contribuyentes al problema. Según sus palabras, el fentanilo y la metanfetamina «hacen que las personas literalmente rechacen el tratamiento, literalmente rechacen la vivienda incluso cuando viven en campamentos de tiendas de campaña, incluso cuando viven en medio de heces, en temperaturas letales, golpeadas, prostituidas».

Quinones asegura que esas drogas, independientemente de si se consumen juntas o individualmente, son capaces de «frustrar ese instinto de autoconservación», y las nuevas variantes de metanfetamina literalmente obligan a una persona a permanecer en las calles, centrando su vida en la búsqueda de la próxima dosis.

Mortales y peligrosas para la salud mental

El fentanilo es considerado como el principal impulsor de la crisis de los opioides en los últimos dos años y es altamente preocupante por su peligrosidad, ya que es potencialmente mortal incluso en dosis pequeñas. El 82,3 % de las muertes por sobredosis relacionadas con opioides en 2020 fueron causadas por drogas como el fentanilo.

A su vez, la metanfetamina es menos mortífera y es más probable que su usuario sufra graves problemas mentales en lugar de fallecer por una sobredosis accidental. «No mata a la gente», explicó Quinones. «Es como la cara cruda de la adicción: gente que ha perdido el juicio, deambulando por las calles», describe.

«Creo que es algo que la gente preferiría no tener que enfrentar. Es más fácil mandar condolencias a alguien que está muerto que tratar con alguien que está en las calles, fuera de sí», señala.

Además, esta droga cuenta con una variedad nueva y más peligrosa que se ha extendido por todo el país y genera aún mayores tasas de enfermedades mentales y, como consecuencia, también aumenta la cantidad de personas sin hogar. Para su creación, los traficantes, sobre todo en México, empezaron a usar ingredientes más baratos y fácilmente disponibles, factores que les permitieron producir metanfetamina en masa en una escala nunca antes vista.

La nueva versión se extendió por todo EE.UU. en menos de una década, envenenando a su población con una droga más peligrosa que la que habían consumido anteriormente. En los últimos años, los traficantes se alejaron de las drogas de origen vegetal, ya que su producción suele depender de las temporadas de cultivo y el clima. En su lugar, apostaron por las drogas como la metanfetamina y el fentanilo, más potentes y adictivas, que pueden ser producidas masivamente sin problemas.

Quinones destaca que ha llegado un momento en que en la «llamada guerra contra las drogas» se deben estrechar los «esfuerzos colaborativos» entre México y Estados Unidos, y considera que el problema actual «requiere una relación de colaboración entre los dos países».

 


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